Historial de publicaciones
La marea estaba allí antes que yo. Antes de que supiera dónde estaba la Barquiña, antes de que aquel nombre significara algo, antes incluso de que pudiera imaginar que acabaría escribiendo…
En este libro, García Insua construye un relato amoroso que utiliza un eclipse como excusa narrativa para hablar, en realidad, de la dificultad de seguir mirando a quien tenemos al lado.
Cuándo pasó? Cuándo dejasteis de ser aquellos dos niños que cabían en mis brazos para convertiros en estas dos personas con las que puedo conversar, reír, discutir, aprender y compartir silencios?
Te miro cuando el mundo se vuelve ruido y, sin decir nada, consigues que todo dentro de mí encuentre calma. Hay algo en tu manera de existir que me abraza incluso cuando estás lejos…
Hoy hemos perdido, como los últimos 6 partidos. Ha llegado a casa tocado, enfadado y cabizbajo. No miraba, caminaba rápido, aún tenso , como si todavía estuviera jugando el partido….
Empieza tarde. No porque no quiera hablar, sino porque no encuentra una forma que no suene equivocado desde el principio. Parece que no sabe muy bien cómo empezar, titubea…
No sabía muy bien cómo empezar. Se sentó, me miraba con vergüenza y cuando se decidió a hablar lo hizo como si en cada palabra pidiera permiso. Dice que ella también viene a terapia…
La mujer se sienta y siempre cruza las manos sobre el regazo, como si sostuviera algo frágil que no debe caerse. Cuando empieza a hablar, no me mira, mira un punto impreciso entre la alfombra
Hoy, una paciente, con la voz entrecortada y los ojos llenos de algo difícil de nombrar, me miró y dijo, refiriéndose a su pareja: Si ve que tiene un problema por qué no pide ayuda?
Digo yo, que si el caballero le hubiera regalado un libro al dragón la historia habría sido muy distinta. El dragón, en lugar de escupir fuego, se habría quedado absorto entre páginas…
Escribo esto después de terapia, como si así pudiera fijar algo que siempre se me escapa cuando salgo de esa habitación. Cuando entro allí todo parece más claro, más lento y más real.
No quiero volver a contar mi historia. Eso es lo primero que pienso cuando abro la página. Otra vez nombres, fotos, sonrisas suaves, diplomas encuadrados…
No lo supo hasta después de dos meses, tal vez un poquito más. Se lo confesó en una cena rápida, rápida para poder volver a casa antes que en su casa lo echaran de menos. Aún no entiende por qué.
Al principio no sabía por dónde empezar. Lo decía, pero en realidad lo que hacía era rodear una historia que aún necesitaba asumir. Durante mucho tiempo habló de él con convicción…
“Llevo meses que no hablo con nadie, solo con mi chat”. Lo dijo tranquila, casi sin darle importancia. No había vergüenza ni percibí tristeza alguna en su voz…
Está cansado de escuchar que es un valiente. Valiente Yo no soy eso. Me dijo en una de nuestras últimas sesiones. Lo ha dicho sin enfado, pero con una claridad que no dejaba espacio…
El paciente llevaba varios minutos mirando sus manos. Se apretaba los nudillos uña y otra vez. Es difícil explicarlo sin que suene ridículo -dijo finalmente…
Llego muy silenciosa y entró dándome los buenos días muy flojito, tanto que me costó escucharla. Cuando la invité a entrar en la consulta casi sin darme tiempo a indicarle cuál era su butaca…
Pues eso que ya tengo otro más y van los que van porque voy aprendiendo que cumplir años no es simplemente sumar cifras en un calendario…
Ha llegado repitiendo que no debería haber venido, que de hecho no tenía claro por qué me había reservado la cita. Lo dice mirándome como si esperara que yo le diera la razón y cancelara tod.
El amor visto por una adolescente en terapia, no es solo mariposas en el estómago ni canciones románticas. Es algo mucho más complejo, aunque a veces cueste ponerlo en palabras y entenderlo…
No nos engañemos. No perdonar no te hace una mala persona. Una reflexión sobre el perdón.
Cuando empezó a hablar sentí algo incómodo en el estómago. No por él, por mí. Esa rabia no me resultaba ajena y, durante un segundo, tuve que controlarme para no asentir demasiado pronto…
Ha llegado pronto y ha esperado a que pudiera atenderla. Al entrar y acomodarse me ha dicho que había recogido mi guante de la última sesión y que había escrito algo, algo que quería leerme…
Está semana he escuchado varias veces eso de que el tiempo no perdona a nadie. Ninguna de esas veces han sido vacías y ninguna de esas personas hubieran esperado decirlo durante una sesión…
Hay sesiones donde una pregunta tan habitual en mi en la primera sesión como qué te ha llevado a venir a sesión recibe respuestas que necesitan todo y más de mi ya absoluta atención.
Hay frases que se dicen con buena intención y, aun así, duelen. Te hizo fuerte es una de ellas. Suena a cierre rápido, a consuelo aprendido, a sonrisa de payaso.
La terapia no empieza cuando se habla en sesión, empieza mucho antes, en todo lo que la persona trae consigo y no sabe todavía cómo decir. Y ahí empezaron a coger voz los pensamientos…
La ansiedad no escucha razones, se instala en el pecho y habla con propia voz. A veces por la izquierda con la voz bajita, otras por la derecha a gritos e insolente.
En aquella sesión de hace unos días ella me confesó tener miedo a lluvia. Hasta aquel instante no lo sabía, no lo había compartido ni podía presuponerlo…
