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Fiz Arou entró aquel día de agosto en el archivo secreto del Doctor Krapp con su olfato habitual y su respeto habitual por la propiedad ajena; es decir, ninguno. Removió papeles, fechas y etiquetas. Al cabo de un rato salió con tres entradas bajo el brazo. Empapadas de agua salada las tres.
Cuando todo parece perdido y solo apetece salir pitando, el cielo se abre. No cae un ángel. Aterriza una nave y da un vuelco a las cosas.
¿De cuántas maneras puede perderse un juicio… y el propio juicio? Solo un juez extravagante puede responderlo. Vuelven los moteros furiosos, los guardaespaldas del emir y Xan Touciño en medio de todo. ¿Y vuelve también el amor?
Daba puro placer contemplar como Dale fabricaba y acicalaba sus sillas eléctricas. A Xan le gustaba observarlo desde lejos, sin intervenir, como inquieto y discreto aprendiz. Había adaptación mútua: el viejo le daba a Xan comida,casa y tranquilidad y Xan a Dale un confortable colchón económico.
El autobús con destino a alguna parte salió a las seis de la mañana de la Terminal Greyhound del centro de Los Ángeles. Xan ocupaba una fila delantera, asiento con ventanilla y no dejaba de mirar afuera temiendo la presencia motorizada de aquellos matones con corbata.
La competencia nos llaman moteros yuppies. Unos gilipollas. Solo trabajamos los fines de semana para resolver asuntos y disputas. Nos basta. De lunes a jueves… chándal, gimnasio, pizza, dominó o póker, chicas y birras en el club. No nos gusta que nos toquen los huevos. ¿Capisci?
Corría como alma que lleva el diablo y, en su carrera, chocó contra una mujer que cayó de bruces al suelo mientras se le desparramaban la pasta recién comprada, el jarrete de ternera para el osobuco y una botella de Lambrusco...
Si eres un niñato mimado, hijo de papá, arrogante, algo bobalicón y acostumbrado a que te hagan la ola al pasar, no es fácil volver a ser un don nadie en una megalópolis salvaje. Salvo que te llames Donald Trump y tu padre te haya puesto un millón de dólares en la mano para empezar a jugar.
La odisea de Xan Touciño: de hijo de marineros a fundador de un imperio galáctico gracias al descubrimiento de un combustible inesperado. Una historia de ambición, azar y grelos que nos lleva de aquí a las estrellas.
Una humilde preposición para maldecir a los pies doloridos
951 días después salí de la tumba de las palabras y me he pasado por Bloguers. Quiero seguir riéndome de mi sombra y mientras lo hago volver a reírme con vosotros.
El elegido pueblo judío está cansado de vagabundear por el desierto en busca de la Tierra Prometida y le pide explicaciones a Moisés. Sabiendo de su carácter autoritario también le ofrecen remedio.
Ahora mismo estamos en otra guerra, pero no viene mal aprender o desaprender las supuestas lecciones teóricas que nos dan las antiguas. Personalmente no creo en ellas.
Ahora solo veo en persona a la gente de la torre FX. Con alguno de ellos formaré una nueva familia. La que tenía antes se quedó abajo ya que no pasó las pruebas. Es una pena, pero al menos me ahorraré disputas. No habrá adversarios, ni nadie que me cuestione o al que pueda cuestionar.
Tenía que hacerlo. Debía esconder mi última duda en el lugar más impenetrable de mi mente para ponerla a salvo de los militantes de la Verdad Absoluta. Tiempos oscuros. Disputaron el poder en dos bandos supuestamente enfrentados, pero era mentira, el Partido de los Verídicos y el de los Auténticos.
¿O sea que te han dicho que vivir de rodillas es degradarse? ¡Qué sabrán ellos! ¿Acaso nos quejamos? Los que mandan deben tener buenas razones para obligarnos a adoptar tal postura y nosotros lo que debemos hacer es obedecer sin pretender entenderles, sus buenas razones tendrán.
El detective Fiz Arou se encuentra en pleno congreso de "huelebraguetas" con una inesperada conspiración mundial que le ataca en el sitio y en el momento más inesperado. ¿Cómo saldrá de ella?
¿Cuántas llamadas había contestado? Seguro que menos de 130. Sabía que no había sido un buen día y estaba agotada. Por eso le sorprendió que el coordinador viniera a buscarla cuando dejó los cascos. -Tengo en la mesa un regalo para ti. -¿Un regalo?
Lo escribí en el 2014 y desde entonces es mi manifiesto anual contra el verano, esa estación del año que nunca da lo que promete y que vive más en el recuerdo que en la realidad tangible.
¿Es posible hacer humor frente al desengaño, la desilusión, la desgana, el desconcierto, el desamor y tantas otras cosas que comienzan con "des"? Yo lo intenté en esta entrada y quizás no lo he conseguido. ¿Seré un descarado derrotista?
¿Son los gorilas la alternativa a una política anodina? El conocido como el Partido de los Metemiedos está en ello y esta mañana ha visitado el zoo para salir de dudas o porque cree en ello.
Odiaba ser sapo. Por eso al llegar la noche se escondía en lo más profundo de los cañaverales para quejarse de sus males y pesares: "Solo soy un sapo feo, y nauseabundo en una pocilga infecta en el culo del mundo.
¿Te atreves a conocer el oscuro y amenazador secreto que amenazó el Londres de la reina Victoria? Un apunte rápido y breve sobre aquella extraña historia.
Mi visión irónica sobre uno de esos inventores locos del siglo XIX que nadie conoce y que cambió nuestras vidas para siempre, aunque no consiguió mantenernos unidos y lo intentó. Vaya si lo intentó.
¿Si el amor es ciego, el humor es sordo? Una historia de amores clandestinos en el Congreso de Diputados. Sin suavizantes censuras.
Mi última entrada va sobre el poder de los prejuicios por encima de tiempos y espacios. Un poder tan grande que alimenta discursos, alimenta y hace ganar premios a ficciones y llena nuestra mente con falsas y absurdas ideas preconcebidas. Esto es lo que ocurre en esta historia.
¿Morirá el autor? Después de días complicados tuve que hacer una entrada donde el creador solo es un preguntón insaciable esclavo del nuevo oráculo.
Bob Dylan, The Who, Richard Wagner, Miles Davis, Gerry Mulligan, Radio Futura, Frankie Avalon, Shocking Blue, Television o Anthrax tienen algo en común, todos tocaron a las diosas.
Cuando entró aquella Venus magnífica, mi lóbrego despacho se redujo a su mínima expresión. Precavido, me agarré a la estantería de la pared del fondo para no ser succionado por sus inconcebibles labios carnosos. Fue desde allí donde le hice una señal para que se sentase en la única silla disponible.
Son ocho y muy brutos por ser muy viejos. Llegan del pasado remoto. Les gustan los tumultos y odian a los cromañones a los que consideran colonialistas. Ahora están en plena odisea por América y hay que hacer algo.