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Yadira Álvarez Betancourt

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La Habana
Escritora

Historial de publicaciones

Desde que entró por la puerta de la casa paterna, Irene fue tu regalo con cabello espumoso y un par de manos capaces de perfectos y eficientes reflejos especulares

Negro (una historia de amor)

Esto es un recuerdo de mis tiempos de madre acompañante de hijo músico. Antes solo veía a los músicos. Ahora los veo y me imagino a sus madres cargando con guitarras y tumbadoras, recorriendo la ciudad

El lunes de la madre del músico

Una historia sobre frijoles, cocineras y suegras, rencor, perdón y ríos de potaje

Las chulas de Marissa

Se dice que a los lugares donde has sido feliz no deberías tratar de volver. Eso tiene todo el sentido del mundo: la persona que fuiste ya no está y algo tan inasible como la felicidad no se queda ahí esperándote para que la recargues cuando te haga falta.

A la felicidad no se regresa

Mañana tengo la primera clase de lunes en el trimestre. Hasta ahora navegué con suerte. Pero no se puede tener suerte eternamente

Primer turno un lunes

Solo les recuerdo que las distopías no son eventos, son procesos. Pero son cíclicas, así que hay treguas. Felicítense por haber sobrevivido. Hagan los duelos que correspondan. Revisen si tienen lo que necesitan para lo que viene. Sean optimistas

Feliz Revolución

En la niebla de los tiempos, durante una etapa oscura de la historia cubana conocida como Período Especial, se sucedieron extraños eventos con el transporte de la capital. Las leyendas son muchas y dignas de ser recogidas en crónicas, para aprendizaje y edificación de todos

El extraño caso de la ruta secuestrada

Marchas por los pasillos de la empresa. Casi te sientes La Libertad guiando al pueblo en una ecpirosis de pura revolución: no dudas. Entonces...

Revolución frustrada de lunes

Anécdotas de vida que nos confirman que nuestros hijos nos escuchan aunque parezca que no

La inocencia de los peces

En el silencio, los colores y texturas eran la canción que escuchaba su mente rebelada contra la soledad y el miedo. Su reto, su objetivo vital, era cubrir con aerosol aquellas paredes sucias y vacías. El vacío era la nada y Darío necesitaba que el algo triunfase.

1 x 1: grafittis en el silencio

Tuvo que contarles cómo se llamaba, de dónde venía, qué clase de señora era la suya. Tuvo que hablarles de su hijo, de Marco, de Lolia. Le entresacaron todos sus recuerdos, de forma gentil pero inexorable como correspondía a novicios de una academia de la verdad.

Capítulo III. La fregona de Darsos (Los genes de la verdad- novela en curso)

Los barrios donde he vivido son la cosa más pintoresca del mundo. Hay mucha gente humilde, música variada e invasiva, montones de animales callejeros, cantidades responsables de basura en la vía y fiesta, fiesta, fiesta.

Lluvia de condones

Un día empecé a sentir fuertes dolores de estómago. Insoportables. Día y noche.

Abrázame para sanar

Abstenerse de leer si no le gustan las palabrotas. A mí me gustan las palabrotas. Son necesarias y naturales, una excelente válvula para liberar presión. Pero como todas las palabras con sentido, tienen cierto poder y este se gasta con la saturación y la repetición.

Mujercita malsonante

Trajino mucho en sueños. Camino, subo escaleras, trabajo, cocino. Tengo conversaciones difíciles, voy a reuniones, hago compras, doy clase… Conspiro, surco mares, huyo de tsunamis, exploro planetas, descubro civilizaciones. Soy chamana, médico, minera, pirata, astronauta, maestra, madre, vieja, niña

La respuesta viene en sueños

Una desgarradora historia familiar y muchas preguntas. Un encuentro tardío y el miedo "Había ropas y libros, muchas fotos de su padre más joven, siempre con una expresión triste, taciturna. Poemas oscuros, cartas sin terminar, empezadas una y otra vez y dejadas a medias, a dos párrafos,…

La mente perdida y la carta

Todo era el resultado del trabajo muy duro de muchas personas. Hablaba de generaciones de gente laboriosa que había domesticado un planeta difícil. Los de Viigra habían emprendido una faena monumental de arquitectura, diseño y fabricación de terreno...

Los genes de la verdad Capítulo III 'El mundo perdido'

No retirar un ladrillo al edificio de la historia, o se desploma totalmente

El censor de la historia

Miro la tesis, la tesis me mira a mí, nos miramos con mala cara… las tesis y los oponentes nunca se han llevado muy bien.

El dilema del oponente

Cuando escapé de casa no esperaba que nadie fuera a buscarme. Para alguien como yo puede ser bien sencillo desaparecer y puse todas las esperanzas en mi pequeña talla y mi aire insignificante.

Equilibrio ecológico

A mí me gusta que los alumnos me enseñen. Promuevo que quieran hacerlo y si no tienen intención de hacerlo, les pregunto, les pido «enséñame a…» Con algunos es la única manera de alejarles del desastre.

Cara de cuchilla

La Academia de la Verdad en Darsos era la más alejada de todo, instalada precariamente con un tercio de sus edificios en el aire, casi flotando sobre los abismos de Carideos, al otro lado del mundo y justo al borde de la nada que era el final del Gran Espinazo.

Los genes de la verdad (novela en curso)

Esta historia no me pertenece mí ni a mi familia. Es la historia de una amiga que encontró un modo de resolver un problema grave que posiblemente muchos padres no han sabido cómo solucionar.

Historia de una mochila para huir

Una amiga que viajaba muy seguido y tenía un departamento en zona difícil, ningún pariente en la Habana, un gato y muchas matas, necesitó una cuidadora temporal para su patrimonio. Así empieza esta historia.

La dignidad por lencería

Y el pobre loco se alejó, descorazonado, sin saber decirme qué quería de mí. Yo no entendía que me estaba haciendo un regalo

¿Locos? Loca yo

Qué lástima me dan, abocadas a desaparecer de la memoria. Y qué lástima de la gente que se pierde conocerlas bien, y amarlas, odiarlas, despreciarlas o tenerles piedad con argumento.

Heroínas y villanas sin sal

No, no estamos emparentados con Hemingway, pero se puede decir que algunos de los gatos que hemos tenido sí… por vía de adopción

El gato de Hemingway

Harta de despegar cosas innombrables de la ilustre lencería patriarcal, la Paula, que era tan limpia como tan franca, tomó una determinación. Terminó de lavar, planchar y almidonar un camión de ropa y lo mandó en canasta, coronado por cuatro tusas secas de maíz.

San Antonio de la Tusa

Estaba limpiando alubias cuando vio las delgadas sombras alargarse desde la cancela. Sabía que llegarían de un momento a otro, los esperaba desde la madrugada, cuando la ansiedad la hizo levantarse de la cama y marchar a la cocina para prepararse una taza de té.

Las madres mudas

Dueño de una prosa rica, cargada de su visión particular y de una interpretación lúcida sobre la realidad, -volcada hacia la fantasía—baste con decir que de los autores del movimiento fantástico que han surgido en las dos últimas décadas, este es uno de los mejores.

China Miéville y las narrativas rebeldes (II)