Hay casas que guardan más de lo que muestran. Y personas que se van dejando más de lo que nos creemos. Cuando los cuatro hermanos regresan a la casa de su abuela después de perderla, lo que los espera no es solo el duelo. Es el silencio de unos relojes que han dejado de moverse. Es un olor a lavanda y madera vieja que no pertenece del todo al presente